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Conozca la realidad de la generación de energía a partir de desechos en A. Latina

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El doctor Emmet Brown toma del tacho de basura cáscaras de plátano, restos de gaseosa y un montón de desechos para cargar su automóvil. Es un De Lorean equipado con el sistema Mr.Fusión, una tecnología de 2015. La generación de energía a partir de desechos que muestra esta escena de la película Volver al Futuro (1985) ya la podemos observar. Sí, y en Latinoamérica.
 
Se trata de un sistema que genera electricidad a través de gases producidos por distintas materias orgánicas: los biodigestores. Mientras que en Chile y Argentina este tipo de fuentes energéticas recién se conoce, en Perú o México desde hace 30 años ya es un hecho. En este último país incluso el metro de Monterrey opera con electricidad a partir de residuos.
 
En países andinos como Bolivia y Perú, donde cerca de un 20% de la población no posee cobertura eléctrica, según la Organización Latinoamericana de Energía, los biodigestores se transforman en una solución viable. “Contribuyen al nivel económico y medioambiental, al reducir los impactos ambientales del ganado y aves de corral”, comenta Sergio Luiz Pereira, profesor de Business School São Paulo (BSP).
 
¿Abono de oro?
 
Asia y África tienen una larga tradición con el uso de biodigestores. Actualmente existen cerca de 500.000 instalados a nivel mundial. Al parecer los biodigestores son un negocio redondo: producen energía, reducen el daño medioambiental y permiten obtener fertilizantes ricos en potasio, nitrógeno y fósforo. “Además se elimina el metano, causante en parte del calentamiento global”, agrega Juan Jorge Hermosillo Villalobos, especialista en energías renovables de ITESO en México.
 
Considerando el aumento de desechos en América Latina, tanto en vertederos legales como clandestinos, su uso como energía permite enfrentar inconvenientes energéticos, de salud pública y de planificación urbana. De esta forma se constituye una especie de “alquimia energética”, en que los desechos orgánicos alimentan los ciclos productivos. “Además no generan controversia como los parques eólicos, ni tampoco son tan costosos como otras fuentes de energía”, agrega Beatriz Olivera, coordinadora de eficiencia energética de Greenpeace en México. De hecho, según la consultora internacional BiogasMaxx, el retorno de inversión es de aproximadamente siete años.
 
Sin embargo, no todo el abono se vuelve oro. La falta de hábitos de la población para utilizar los biodigestores, el escaso seguimiento de los proyectos y la ausencia de planes nacionales o regionales han sido una constante en América Latina.  A principios de los 80, en Perú, en las zonas de Cajamarca y Arequipa se instalaron los primeros biodigestores del país, para ayudar a pequeñas comunidades agrícolas. Y tras un promisorio comienzo, el proyecto fracasó. “Mucha gente no estuvo interesada, incluso regalaron los biodigestores”, indica Fernando Acosta, especialista en bioenergía del SNV World en Perú.
 
Para evitar esta deserción, la clave es capacitar a las personas a usar los subproductos del biodigestor y continuar con un seguimiento del proceso. “Es una tecnología muy sencilla, pero al primer problema no van a saber solucionarlo. Les tienes que enseñar a usar el gas y el abono (biol)”, agrega Acosta. Porque también está el factor seguridad. Se necesita cierta orientación mínima para manipular en forma segura el biogás, fundamentalmente una mezcla de CO2 y de gas metano. “Que además contiene gases como el sulfuro de hidrógeno, que puede ocasionar problemas en la población si no es bien manipulado”, agrega María Teresa Varnero, profesora de la Universidad de Chile.
 
Y también está el tema del costo.  En Perú y Bolivia, donde están más extendidos, tienen subsidio estatal. “Un biodigestor familiar está alrededor de US$ 800 o US$ 900 dólares si es de membrana. Si es de concreto puede estar alrededor de los US$ 100.000”, indica el peruano Fernando Acosta, de SNV. Si no hay subsidio los costos para una pequeña comunidad agrícola son altos.
 
La diversidad de climas existentes en América Latina también es otra limitante para la penetración de los biodigestores en la región. Se necesitan temperaturas sobre los 18° para la producción de biogás. Aunque existen soluciones. “La utilización de paneles solares para temperar la carga es una alternativa o utilizar parte del mismo biogás”, agrega Varnero.
 
Con más a favor que en contra,  estas fuentes energéticas son una alternativa viable para América Latina. “Hoy la posibilidad de abrirse hacia energías renovables no tradicionales como los biodigestores es casi una obligación en la región”, enfatiza José Alejandro Martínez, profesor de la Universidad EAN en Colombia. Pero ¿en qué condiciones se encuentran actualmente?
 
Ruido de motores
 
En mayo pasado en San Carlos de Purén localidad del sur de Chile, se inauguró el primer biodigestor del Grupo Bethia, uno de los mayores holdings de este país. El proyecto tuvo un costo de US$ 11 millones y fue inaugurado como una gran innovación. No obstante, en Chile los biodigestores siguen ausentes en zonas apartadas de las grandes urbes, donde el país ha impulsado hornos solares, por ejemplo.
 
En América Latina desde hace más de tres décadas la población es testigo de cómo se puede producir energía con residuos orgánicos, ahorrando recursos y contribuyendo al medio ambiente. Hoy el ejemplo más acabado del uso de biodigestores está en México: se trata del metro de la ciudad de Monterrey, que desde 2006 se alimenta en un 80% de electricidad producida por el biogás del vertedero municipal. El biodigestor mide 300 metros por 100 metros, y tiene 10 metros de profundidad. Con este sistema transporta diariamente a 470.000 personas.  
 
América Latina aún enfrenta un largo camino para poder al fin encender la bioenergía en la región. Y si bien aún no existe un automóvil con las características del De Lorean, el metro de Monterrey se le acerca por los rieles.
 
*Este reportaje fue escrito junto a Laura Villahermosa en Perú.
 
autor: David Cornejo y Tamara Muñoz
 
Fuente: Americaeconomia.com
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